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Un día como hoy pero de 1931

03 NOV LUPITA TOVAR

 

Lore C. Lopez / Foto Especial

En 1931 se estrena la primera película hablada de México: “Santa”, de Federico Gamboa. Representó para las buenas conciencias de la clase media mexicana algo comparable con una prueba nuclear en un pueblito de crepúsculos arrebolados, afirma Saúl Rodríguez, quien desde 1998 se convirtió en el primer mexicano en formar parte de la red de críticos de la International Film and Arts Association.

“Santa es una película que bien podría ser definida como el Citizen Kane mexicano. No sólo fue la primera película nacional en utilizar sonido, sino que además en una época en la que incluso se proponía separar a hombres y mujeres en las salas de cine del país, se atrevió a abordar el tema de una mujer enamorada de un militar y que se vuelve prostituta por su decepción de amor”.

Si bien en 1918 existió una primera versión de Santa, realizada por el director Luis G. Peredo, su corte, en opinión del crítico, respetaba todas las reglas y muchas de las secuencias clave de la historia se mostraban de manera sutil, casi escondida.

Por lo general la cinematografía de un país va abordando temas de manera progresiva para condicionar al público a un nuevo tipo de moral. Con Santa de 1931 ocurrió todo lo contrario, los mexicanos acostumbrados sólo al cine silente, se encuentran de pronto con que los personajes de su tierra hablan y además con que la protagonista rompe todas las reglas de la decencia de la época. Fue algo así como pasar de películas de Walt Disney a ver una cinta de David Lynch en tan sólo unos meses.

El crítico, quien ha investigado diversos aspectos de la filmación de Santa, dijo que la filmación de la cinta es también tema para una película de humor, pues el equipo se enfrentó a numerosos problemas derivados de su inexperiencia.

“Se cuenta que la filmación se convirtió en una verdadera trinchera de imprevistos, comenzando por los técnicos mexicanos, quienes al no estar acostumbrados al cine sonoro, hablaban en voz alta en medio de las secuencias, le gritaban al chalán que trajera las tortas o hasta se sonaban estruendosamente la nariz, sabotajes que le sacaron canas verdes al director”.

Otro aspecto que no se tomó en cuenta fueron los materiales con los que estaban confeccionados los atuendos de los actores y cuyos adornos y texturas causaban mucho ruido en los micrófonos.

“Aunado a esto, nadie había reparado en el sonido o en la sincronización con la pizarra y otros aspectos de la grabación que hoy son comunes, pero que el equipo de Santa conoció por primera vez. Sin duda es una cinta que guarda un gran mérito desde el punto de vista técnico y artístico”.

Y agregó: “Me sorprende que muchos críticos mexicanos de la nueva generación no sepan nada acerca de Santa, algunos incluso confunden las versiones que se han realizado. El de 1931 fue un año importante para nuestro cine y nuestra identidad cinematográfica porque por primera vez los mexicanos nos escuchamos junto con las imágenes en pantalla, sin duda una cinta indispensable para la formación cultural de nuestros jóvenes”.

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