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Migrantes indígenas ante la falta de interpretes

Cirila Baltazar Cruz perdió la custodia de su hija en el estado de Mississipi, en el 2009, por no hablar inglés. La mujer de 34 años de edad tampoco hablaba bien el español, porque su lengua materna es el chatino, idioma que hablan más de 50,000 personas en Oaxaca, México.

La joven madre, origiunda del municipio oaxaqueño de Cieneguilla, fue víctima de la falta de intérpretes profesionales en lenguas indígenas. En el hospital donde iba a dar a luz a su tercer hijo, una niña que había dado por nombre Rubí, se la quitaron a los dos días de nacida.

“La lengua es un obstáculo; si no entiendes lo que está pasando en tu situación, ya sea médica o en el sistema judicial, no vas a poder defenderte”, afirmó a HOY Silvia Ventura, licenciada en Antropología de la Universidad de California en Riverside.

Ventura es originaria de la sierra Mixteca Baja, en Oaxaca. A pesar del dominio del mixteco, inglés y español, no se considera experta del lenguaje jurídico ni médico.

Según reportes periodísticos, se indica que cuando Cruz llegó al hospital le fue adjudicada una intérprete, quien terminó denunciando a la mujer indígena, porque se supone que la madre planeaba dar en adopción a la hija y luego se iría a México. Algo que ella luego negó.

Este no es el único caso, asegura Odilia Romero, residente en Los Ángeles, que desde los cinco años de edad se convirtió en intérprete debido a la necesidad. Con el paso del tiempo, tanto ella como otros de sus connacionales se han preparado para ofrecer un servicio profesional.

“Siempre ha habido un déficit”, afirmó Romero, al detallar que la demanda aumentó en los ’90, con la ola migratoria de oriundos de Oaxaca, Yucatán, Puebla, Chiapas y Veracruz, entre otros estados.

En suelo mexicano, según la Encuesta Intercensal 2015 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), hay 7.4 millones de personas que hablan idiomas indígenas.

De acuerdo al conteo, las lenguas que más se hablan son: Náhuatl (23.4%), Maya (11.6%), Tseltal (7.5%), Mixteco (7.0%), Tsotsil (6. 6%), Zapoteco (6.5 %), Otomí (4.2%), Totonaco (3.6 %), Chol (3.4 %), Mazateco (3.2 %), Huasteco (2.4 %) y Mazahua (2.0 %).

En la Unión Americana, sin embargo, se estima que viven cerca de 1 millón de hablantes indígenas nacidos en México, quienes al enfrentarse al sistema estadounidense el principal problema es que no hablan otro idioma aparte del que aprendieron en su lugar de origen.

Según Gaspar Rivera, sociólogo de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), se ha hablado mucho de declarar a México como un país plurilingüe y pluricultural, pero jamás se ha invertido en en el desarrollo de la infraestructura de la interpretación.

“Es uno de los temas increiblemente olvidados y eso se refleja en Estados Unidos”, señaló el académico, reconociendo que existen diferentes esfuerzos comunitarios que invierte tiempo y talento “pero no es suficiente”, porque es una responsabilidad de los gobiernos.

“Tienen que reconocer que hay lenguas subnacionales y que ahora hay una completa falta de atención de ambos gobiernos [Estados Unidos y México]”, cuestionó Rivera.

Con base al Censo 2010 de México, en el período 2005-2010, se identificó que casi un millón de connacionales fueron deportados. De ese cifra, se detalló que 33,000 personas, es decir 3.3%, eran hablantes de lenguas indígenas.

Ventura, quien se prepara a completar su doctorado en Antropología, afirma que si al  interpretar “no dices la palabra apropiada puedes admitir o negar evidencia en un juicio, por lo que se pone en riesgo el futuro de la persona”.

En Californa, el Frente Indígena de Organizaciones Binacionales (FIOB), a través de sus diferentes filiales, atiende un promedio de 3,000 casos de interpretación al mes. El promedio de 150 llamadas diarias llegan desde Oregon, Washington, Carolina del Norte y Nebraska, entre otros.

“Muchos no saben ni el español, mis padres salieron con muy poco estudio”, indicó Óscar Márquez, oriundo de L.A. y experto en informática, quien a pesar de no hablar el zapoteco de sus progenitores, se ha involucrado en la gestión de fondos para ampliar este servicio.

La mamá de Márquez, Alicia Luna, fue una de las primeras intérpretes en el Sur de California y hasta que falleció en el 2016, iba a lugares como San Luis Obispo o San Diego, con el fin de ayudar. “No lo hacía por dinero, era más que todo por piedad”, aseguró.

El FIOB comenzará en L.A. un nuevo entrenamiento de intérpretes, en la actualidad tienen a 10 personas activas en esta labor. Si bien ellos no dan abasto, esperan que más interesados se sumen y también invitan a la comunidad a donar fondos para ampliar este servicio.

“Al principio hacías lo que podías, aunque no hablaras bien el español o el inglés”, advirtió Romero, pero ahora es una carrera y trabajan para dotar de mejores herramientas a quienes realizan esta labor.

“Cuando no interpretas bien le puede costar la vida a una persona, porque no se le brinda la dosis adecuada de medicina; o también al enfrentarse a un juicio le pueden dar más días en la cárcel”, concluyó Romero.

Fuente: Hoy los Ángeles

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